Luisa Ignacia Roldán, conocida como «La Roldana», fue una destacada escultora barroca española cuya trayectoria artística se desarrolló en tres etapas principales: Sevilla, Cádiz y Madrid. Cada una de estas fases refleja una evolución en su estilo y en las oportunidades que encontró en diferentes contextos geográficos y sociales, de una España que estaba realizando un profundo cambio de dinastía reinante y también de estética.

Además, trabajó en las tres ciudades más importantes de la península en ese momento, y cada una aportó algo importante para su vida y para su obra.

Etapa Sevillana ( Formación en el taller familiar)

Nacida en Sevilla en 1652, Luisa Roldán se formó en el taller de su padre, Pedro Roldán, el mejor escultor de la época. Desde temprana edad, participó en la creación de las obras del taller, el más importante del momento, adquiriendo habilidades que la distinguirían en el futuro.

Independencia y matrimonio

En 1671, Luisa contrajo matrimonio con Luis Antonio de los Arcos, un discípulo de su padre. Este enlace se realizó sin el consentimiento paterno, lo que generó tensiones familiares. Este episodio es conocido como «El rapto de la Roldana», ya que la pareja decidió unirse en matrimonio a pesar de la negativa de su progenitor. La pareja, a pesar de la oposición siguió adelante con el enlace, aprovechó el trabajo que tenía su padre con motivo de la canonización del rey San Fernando.

Obras Destacadas en Sevilla

El buen y el mal ladrón. Hdad de la Exaltación

Durante su estancia en Sevilla, La Roldana creó diversas esculturas de temática religiosa, caracterizadas por su realismo y expresividad. Aunque muchas de sus obras de esta etapa no están documentadas con precisión, se sabe que colaboró en proyectos importantes bajo la dirección de su padre.

De estos proyectos conjuntos del taller familiar, uno de los más interesantes es el que realiza para la hermandad de la Exaltación de Sevilla. Mayoritariamente se atribuyen a nuestra escultora las obras del buen y el mal ladrón, que poseen características muy diferentes al resto del conjunto. Así como los ángeles pasionistas, que realizaría conjuntamente con su marido Luis Antonio de los Arcos.

También se le atribuyen numerosas obras, y algunas se dan casi con toda seguridad como suyas, como el San José con el niño de la iglesia de Santa María la Blanca de la capital hispalense.

Etapa en Cádiz (traslado y nuevas oportunidades)

San Germán y San Servando la Roldana

En 1686, Luisa Roldán se trasladó a Cádiz junto a su esposo, buscando independencia artística y nuevas oportunidades laborales. En esta ciudad, recibió encargos tanto del cabildo municipal como del catedralicio, lo que le permitió consolidar su reputación como escultora.

Antes de llegar a la capital gaditana, nuestra artista ya recibió encargos de esta ciudad, entre ellas de una de sus mejores obras el Ecce Homo de la Catedral de Cádiz realizado en Sevilla a medias con su marido tal como demuestra el documento hallado en su interior durante los trabajos de restauración de la talla en 1984.

El cabildo catedral cuenta con ella para realizar varias figuras para el monumento de Semana Santa.

Evolución Artística

Ecce homo de la Catedral de Cádiz. La Roldana

El periodo gaditano supuso una evolución en su carrera, permitiéndole desarrollar un estilo más personal y alejado de la influencia directa de su padre. Este cambio se reflejó en una mayor libertad creativa y en la búsqueda de su propia identidad artística. Durante su etapa en Cádiz, Luisa Roldán recibió el encargo de realizar numerosas esculturas. Entre la que destacan las figuras de los Santos Patronos San Servando y San Germán.

Estas esculturas de gran formato son un claro ejemplo del estilo barroco de la artista. Las figuras se caracterizan por su dinamismo, la expresividad de los rostros y el movimiento en los ropajes, transmitiendo una sensación de solemnidad y fervor religioso. Estas piezas son consideradas joyas de la imaginería gaditana y testimonios de la etapa más madura de La Roldana.

Otra obra importante realizada para la catedral gaditana es el Ecce Hommo, obra de tamaño natural, donde el movimiento y la expresividad denotan la calidad de la obra de nuestra protagonista.

Además de numerosas obras en los diferentes templos de la ciudad, en este periodo realiza una fabulosa dolorosa para Puerto Real que aún procesiona en la localidad.

Etapa en Madrid ( La escultora de cámara)

En 1689, La Roldana se estableció en Madrid, donde fue nombrada escultora de cámara por el rey Carlos II, siendo la primera mujer en ostentar este título en la corte española. Posteriormente, continuó en el cargo bajo el reinado de Felipe V.

Obras en la Corte

San Miguel. La Roldana

Durante su estancia en Madrid, realizó numerosas esculturas en terracota policromada, destacando por su delicadeza y detallismo. Entre sus obras más emblemáticas se encuentra «El arcángel San Miguel venciendo al demonio», una pieza de gran relevancia en su producción artística. Y que hoy se encuentra en la galería de las colecciones reales.

En esta etapa realizó sobre todo obras de pequeño formato y gran calidad, que en muchos casos podemos calificar como narrativas, y que se enmarcan dentro de ese perfeccionismo tan propio de la escultura del siglo XVIII. Son esculturas de gran virtuosismo, donde denota un dominio magistral de la técnica de la escultura. Miniaturas, altorrelieves, nacimientos…donde demostró por qué dos monarcas la eligieron para ser escultora de cámara.

El Arcángel San Miguel venciendo al demonio: Una escultura en terracota policromada de pequeño formato, donde la figura del arcángel destaca por su elegancia y movimiento, considerada una de las mejores obras de su etapa madrileña. Y donde como curiosidad la cara del diablo es la de su marido Luis Antonio de los Arcos.

La Virgen con el Niño: Realizada en terracota y destinada a la devoción privada de la familia real, es un ejemplo del refinamiento y naturalidad que caracterizan a las obras de esta etapa.

Contribuciones a Colecciones Particulares

Miniatura de la Roldana

La capacidad de La Roldana para trabajar en diferentes formatos y materiales hizo que muchas de sus obras fueran solicitadas por coleccionistas privados. Estas piezas, generalmente destinadas a la devoción personal, incluían:

Pequeñas vírgenes y santos en terracota policromada: Estas esculturas se distribuyeron entre las élites de la época, siendo especialmente apreciadas por su expresividad y detalle.

Relieves decorativos y escenas bíblicas: Aunque menos conocidas que sus esculturas de bulto redondo, algunos relieves atribuidos a La Roldana demuestran su habilidad para narrar historias religiosas a través de composiciones dinámicas y detalladas.

También de este periodo es el nazareno de Sisante, una obra de gran tamaño, donde vemos la evolución de su obra, pero donde vemos que tiene muy presentes las lecciones que aprendió en Sevilla en el taller de su padre.

Reconocimientos

Nazareno de Sisante

La Accademia di San Luca en Roma la nombró académica de Mérito, tristemente este galardón le fue comunicado el día de su fallecimiento. Y aunque no lo pudo disfrutar en vida, es un ejemplo del prestigio que gozó no sólo en España si no también en el extranjero.

El triste final de la Roldana

A pesar de su talento y reconocimiento como escultora de cámara, los últimos días de Luisa Roldán, «La Roldana», estuvieron marcados por la pobreza y las dificultades económicas. En un acto desgarrador, pocos días antes de su muerte en 1706, se vio obligada a declarar formalmente su estado de pobreza, un procedimiento que en la época era necesario para garantizar un entierro cristiano digno a quienes no podían costearlo. Este hecho refleja la dura realidad que enfrentaban muchas mujeres artistas del barroco, incluso aquellas que habían alcanzado los círculos más altos de la sociedad, como la corte real. El contraste entre su brillante legado artístico y la precariedad de sus últimos días pone de manifiesto las injusticias de su tiempo y el olvido en el que, lamentablemente, quedó sumida durante siglos tras su muerte.

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Roldana[catálogo de la exposición] : Real Alcázar de Sevilla, 25 de julio-14 de octubre 2007