El siglo XX es un siglo de oro de la imaginería, donde debido a la coyuntura existente se realizan gran número de imágenes marianas, una de las tallas de la Virgen que más ha destacado en este periodo en Sevilla por su devoción y su belleza formal, es sin lugar a duda la Piedad del Baratillo.
Debido a ello, el próximo día 14 de septiembre se coronará canónicamente la venerada talla. Pero conozcamos mejor sus orígenes, la talla actual y esa devoción tan importante en uno de los barrios señeros de Sevilla como es el Arenal.
Orígenes de la devoción de la Piedad en el Baratillo.


Para conocer sus orígenes tenemos que ir al siglo XVII, algún autor hablaba de 1610 como fecha de fundación de la corporación, aunque posteriormente se consolidó 1693 como su origen.
La devoción comienza por la adoración de los vecinos a una cruz ubicada en la zona, seguramente marcaría alguno de los carneros existentes, que se crearon por las diferentes epidemias sufridas en ese periodo en Sevilla. Centro comercial mundial pero también puerto franco para la llegada de diferentes enfermedades y epidemias.


Hoy esa cruz se encuentra ubicada en la cúpula de la capilla. Y el origen de la cofradía del Baratillo.
La Hermandad adquirió un cuadro de una piedad, hoy existente en la capilla, y de ahí la devoción a esta importante advocación católica, y que desde aquel momento presidía el altar mayor de la capilla.
La cofradía de penitencia
En 1892 la Hermandad se reorganiza y se convierte en hermandad de penitencia. Las reglas se realizan al año siguiente 1893 pero no es hasta 1905 cuando realiza estación de penitencia a la Santa Iglesia Catedral.
La primera Piedad


Aunque, la primera salida fue en 1905, un año antes el escultor Emilio Pizarro de la Cruz había tallado la primitiva Piedad del Baratillo, el Cristo de la Misericordia y el conjunto de personas que acompañaban la santa escena.
La primera estación de penitencia se hizo en el paso del Triunfo de la Santa Cruz, de la hermandad del Santo Entierro.
Posteriormente, se decidiría quitar las esculturas acompañantes al grupo de la Piedad, obteniendo un formato parecido al actual.
La actual Piedad del Baratillo


En 1945 el imaginero José Manuel Rodríguez Fernández Andés, realiza la actual talla, que sería muy diferente a toda su anterior producción. Una talla mariana, de rasgos finísimos, de cara aniñada y que nos evocaría los modelos clásicos más que el naturalismo característico de la imaginería de aquellos años.
Hasta el año 1950 procesionó con el Cristo de Pizarro, ese mismo año el gaditano Luis Ortega Bru, realiza el fabuloso Cristo de la Misericordia. Creando el conjunto que podemos disfrutar a día de hoy. Es sorprendente que, siendo dos imagineros muy diferentes, realizan dos imágenes totalmente compatibles, que han creado un icono único dentro de la belleza de la escultura de la Semana Santa de Sevilla.
El Viacrucis del Consejo de Cofradías de 1985


Debido a la gran devoción que ha despertado Nuestra Señora de la Piedad desde su creación, El Consejo de Cofradías de Sevilla, tuvo a bien, que fuera una de las primeras tallas que realizara el Vía Crucis organizado por esta institución. Realizandose uno de los Vía Crucis más multitudinarios que se han realizado debido a la gran devoción que posee la bella talla mariana. Acompañamos, una interesante foto del discurrir del piadoso acto, por el interior de las naves de la Catedral de Sevilla.
La imagen no salió vestida de Reina como normalmente sale en Semana Santa, si no de hebrea, forma habitual de vestir a las tallas marianas sevillanas en la Cuaresma.
El paso procesional de la Piedad del Baratillo


El conjunto, que normalmente preside el retablo mayor de la capilla de la Piedad, procesiona en Semana Santa en un interesante paso de madera dorada. Realizado el diseño por Juan Pérez Calvo y tallado por Rafael Fernández del Toro. Se utilizó la madera de la prestigiosa carpintería de Manuel Casana.
De diseño elegante y clásico, con formas ondulantes típicas neobarrocas con cartelas. Incorpora en sus esquinas airosos candelabros guardabrisas a juego con todo el conjunto. El escultor Luis Álvarez Duarte, realizó los ángeles ubicados a los lados de las cartelas.


También es interesante el llamador, que hace un guiño a una de las advocaciones de la hermandad el patriarca Bendito Señor San José, que aparece sentado en un taburete. diseñado por Manuel Ramos Carmona y realizado por el orfebre Manuel de los Ríos. Fue un regalo de las hermandades del Miércoles Santo por el 300 aniversario de la corporación.
Mantos de la Piedad


Ntra. Sra. de la Piedad cuenta con tres mantos de salida de bordado a realce, siendo la única talla mariana en Sevilla, junto con la Esperanza Macarena, que posee tal privilegio.
El Manto de Rodríguez Ojeda-Taller de José Caro


Manto confeccionado por el taller de sobrinos de José Caro en 1958, que pasó a terciopelo azul oscuro los antiguos bordados de Juan Manuel Rodríguez Ojeda realizados en el año 1907. Los bordados anteriores fueron limpiados y enriquecidos por este Taller.
El manto de Fernández y Enríquez


Manto de Fernández y Enríquez, realizado sobre terciopelo azul marino, que cuenta con ricos bordados con hilos de oro fino. Realizado en 1998, y significó aumentar el patrimonio de salida de nuestra venerada talla. Está basado en el típico bordado del siglo XIX, grandes bordados de hojarasca que evocan
Manto de la Coronación Canónica de la Piedad
Manto bordado en el año 2024 por José Rosado, diseño de Javier de los Reyes. Ha sido donado por la hermana de la corporación Rosario Santamaría Bermúdez
La Coronación
La Piedad del Baratillo, es una de las grandes devociones de la ciudad de Sevilla, por tal motivo se concedió por parte de las autoridades eclesiásticas la coronación canónica de la venerada imagen. De una forma mucho más discreta se coronó la Virgen de la Caridad, por tal motivo. Las dos tallas marianas de la cofradía gozan de tal distinción.
La hermandad decidió que no iba a hacer una coronación cualquiera, sino que sería singular en todos los aspectos. Iremos detallando los momentos más emotivos vividos en la efeméride.
El traslado a la Catedral


Para el traslado de la Catedral, se engalanó de una forma muy especial todo el barrio del Arenal. Guirnaldas, carteles, imágenes de la Piedad llenaban todos los rincones de la populosa zona hispalense.
Los días previos la imagen fue expuesta en su paso procesional, con gran afluencias de fieles y devotos. Para el traslado a la iglesia del Sagrario de la Catedral de Sevilla, se realizó un exorno floral de rosas rojas de gran tamaño, y a la Virgen se le colocó una rica mantilla, con el manto de los Sobrinos de Caro con bordados de Ojeda, y la diadema con que hasta ahora procesionaba en Semana Santa de Manuel Román Seco.


El tiempo que amenazaba lluvia, torno en una tarde espléndica, con un color rojizo del cielo, marco incomparable para la Reina del Cielo.
Durante el recorrido se congregaron numerosísimas personas y se vieron escenas de gran belleza, tanto en el Arenal, como en la llegada a los alrededores de la Catedral. Accedió al templo catedralicio por la puerta de los palos de la plaza Virgen de los Reyes.


A partir de este momento, todo lo que iba a ocurrir nos sorprendería en todos los aspectos.
En el Sagrario
La iglesia del Sagrario había sido elegida para realizar el besamanos y el triduo. El bello templo había sido inagurado hace pocas fechas después de una larga pero esmerada restauración. Pero, había un elemento, que aún no se había inagurado. Nos referimos al retablo, una de las obras maestras de Pedro Roldán y que fue el marco incomparable para acoger a la Piedad durante sus cultos. Creando escenas portentosas, y con colas que no dejaron de sucederse todos los días.
La Piedad del Baratillo en la poesía.


Una imagen tan venerada, ha sido fuente de inspiración, más si cabe que uno de los mejores poetas sevillanos del siglo XX tuvo especial vinculación con la hermandad, nos referimos a Florencio Quintero Martín.
Este prominente autor, crea una revista literaria con el nombre de “Piedad”, o que la principal tertulia literaria de mitad del siglo XX en Sevilla se denominara Noches del Baratillo
De sus principales composiciones dedicada a Nuestra Señora de la Piedad destacamos.
En un regazo de seda.


EN UN REGAZO DE SEDA
(Al cristo de la misericordia)
Callen los roncos tambores
y enmudezcan las cornetas,
que Dios-Hombre se ha dormido
sobre un regazo de seda.
Que se suspenda en el aire
el dolor de la saeta.
Que pare su andar la luna;
que quede la noche quieta,
porque Cristo no está muerto
que sólo descansa en Ella.
!Cómo se puede morir
el Rey del Cielo en la tierra!
!Ay, cómo exhalan dulzura
sus pupilas entreabiertas!
Callen los roncos tambores
y silencien las cornetas.
Que broten sólo alelíes
con sus blancuras pequeñas.
Que le rodeen blancos lirios,
azahares y azucenas.
Que pare su andar el tiempo
para ver si no despierta.
Que sólo una brise leve
le roce su tez morena
y lo acaricien los besos
luminosos de una estrella.
Que sólo los costaleros
sobre los pies lo mantengan.
Así, despacio, despacio…..
!Qué lo mezcan, que lo mezcan,
porque se va a despertar
y va a ser mayor su pena.
!Qué no está muerto, que no!
Que sólo descansa en Ella,
de tanto dolor pasado,
de tanta injuria y blasfemia.
! Queden quietas en los aires
perfumadas Primaveras…!
Que Dios-Hombre se ha dormido
en un regazo de seda.
Las manos de la Piedad


A mi Piedad en la tarde
!Cómo la piropeaban
los que miraban la pena
de su carita aniñada!
Cuando a Piedad hay que verla;
a Piedad no hay que mirarla.
Podrán mirarla a los ojos,
y podrán mirar su cara.
Podrán mirar sus mejillas,
y podrán mirar sus lágrimas.
Podrán mirarle los labios;
podrán mirar sus pestañas;
podrán mirarle su pelo;
podrán mirar su garganta
y podrán mirar su frente
que es más bonita que el alba.
A mi Piedad en la tarde,
cómo la piropeaban,
los que miraban su rostro,
los que sus manos miraban
y a la Piedad hay que verla
con los ojitos del alma.
Y decían que sus manos
eran luz de nieve clara;
que eran blancas azucenas;
que eran puras rosas blancas;
que eran flores de azahar;
jacintos de la mañana;
que eran gotas de rocío…
de transparentes y castas,
limpias como el mediodía
y cristalinas fontanas…
Cuando sus dos manos son
dos rosas ensangrentadas.
si no, no fuera Piedad,
y no fuera flor amarga.
La sangre de Cristo está
en sus manos congelada.
Son dos palomas heridas;
son violetas desmayadas;
y serán dos azucenas…
pero azucenas truncadas;
son dos flores de jacinto,
de tan doloridas, pálidas;
son dos flores con color
de una corona espinada,
y con un dolor de hierro
de Santas manos clavadas.
!A mi Piedad en la tarde,
cómo la piropeaban…!
Siendo mi Piedad quejido
profundo de madrugada.
Morena del Baratillo;
Morena de albero y agua;
Morena, niña Morena,
Morena de la Maestranza;
Bonita del Arenal,
granito de sal y gracia….
¿Cómo miraban tus ojos,
cómo miraban tu cara,
y no te veían las manos
en sangre y llanto empapadas?
Y quien tus manos no vea…
de Piedad no sabe nada,
porque tus dos manos tienen
quejidos de madrugada.
Bibliografía.
Quintero Martín, Florencio. Poemas. Ayuntamiento de Sevilla



