La Sevilla oculta de los conventos

En la Sevilla oculta de los conventos vamos a intentar sacar a la luz muchas de las historias que poseen los conventos de nuestra ciudad. Gracias a este artículo tendremos una excusa para saber qué visitar en Sevilla y descubrir detalles del patrimonio de las iglesias y conventos de la ciudad.

La tumba de la reina

Si hay un convento con antigüedad en Sevilla es el convento de San Clemente, fundado por el rey Fernando III después de la reconquista, su enclave y su arquitectura nos llevan a un espacio mágico donde destacan su artesonado y su gran retablo mayor que nos sobrecoge e impresiona. Pero en el interior de la iglesia conventual nos encontramos nada y nada menos que una tumba real, la de María de Portugal, esposa de Alfonso XI y madre de Pedro I. Su vida no fue un camino de rosas que su marido se enamoró de una noble sevillana, con la que tuvo 10 hijos y dejó a un lado a nuestra Doña María que era la reina legítima. Está ofrenda fue devuelta por la reina, ya que al poco de fallecer su esposo apresó a “la favorita”: Leonor de Guzmán. Esta interesante historia inspiró al músico italiano Donizetti para su famosa ópera aunque la obra no tiene que ver nada con la historia real.

El convento mezquita

Pues si, hay en Sevilla un convento que anteriormente fue mezquita, o mejor diríamos que más de uno. En este caso nos vamos a referir a un recoleto cenobio ubicado enfrente de la Catedral: el convento de la Encarnación, y que era famoso por vender las obleas de recortes que usaban para realizar las hostias consagradas, antes de ser convento fue una mezquita en el siglo XI, la mezquita de los osos. Si vemos hoy el inmueble, podemos apreciar las ventanas de origen islámico que posee, y que nos hablan del esplendor de la Sevilla de aquél periodo.

Otro detalle es su bella espadaña que como podemos ver en la imagen posterior en muchos ángulos juga armónicamente con el Giraldillo creando uno de los encuadres más evocadores de los monasterios y conventos de nuestra ciudad.

El convento donde durmió la reina.

Si hay un personaje importante en la historia de España, es Isabel la Católica, una mujer que en un mundo de hombres fue capaz de cambiar el curso de la historia. Aunque era castellana recia, la ciudad más importante de aquél momento era Sevilla, y además del Alcázar, la monarca también se alojó en el convento de Madre de Dios. Este convento cogió tanta importancia que fue el lugar usado para pasar sus últimos días por las biznietas de Colón y la mujer e hijas de Hernán Cortés. E incluso profesó en este espacio una de las hijas de Bartolomé Esteban Murillo. Cómo vemos todo palabras mayores.

Convento Madre de Dios.
Bóveda mudéjar del Convento

La amada de Cervantes.

Uno de los conventos que posee un mejor patrimonio es el convento de Santa Paula. Si empezáramos a hablar de él no parariamos, pero este maravilloso lugar está íntimamente ligado a la figura de Cervantes. Se cuenta que una bella muchacha paisana de la ciudad y a la que idolatraba el gran escritor, decidió dedicar su vida a nuestro Señor y profesó en el Convento. Sus altos muros impedían que nuestro escritor pudiera ver a la joven y se comenta que se subía a la torre de la cercana iglesia de San Marcos para ver pasar dentro del cortejo monjil a la que podía haber sido su gran Amor. Por tal motivo, escribe una bella novela “La española inglesa” que se desarrolla en parte en el convento.

Placa de Cervantes, la España Inglesa.

Los dulces de Cernuda.

Los dulces de los conventos sevillanos suelen ser una gran tentación para todos, pero uno en especial volvía loco a uno de los grandes literatos de la Sevilla del siglo XX que además formaba parte de la Generación del 27. Nos referimos a Luis Cernuda que en su magnífica obra “Ocnos” se refiere al torno del convento y a las “yemas de huevo hilado, los polvorones de cidra o de batata, obra anónimas abejas de toca y monjil”, pero no se conforma sólo con eso sino que habla lo que siente al probar esas delicias “morderlo parecía como si mordiéramos los labios de un ángel.”

Hay muchos otros dulces de conventos de clausura de la ciudad que merecerían incluso hasta un artículo de ellos, pero hemos elegido San Leandro por esta especial relación ese poeta sublime cuya obra, desgraciadamente, no está considerada como debiera.

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